“Hoy es ciencia ficción”

El matrimonio de los científicos fundadores de BioNTech revolucionó el mundo de las vacunas hace dos años, al crear la primera basada en ARN mensajero y dirigida a un blanco completamente nuevo: el Covid-19. Ahora, ha anunciado en una entrevista en la BBC que están trabajando en un proyecto aún más ambicioso: el de la vacuna contra el cancer. Pero no son los únicos.

El campo de las vacunas contra el cáncer es una de las grandes promesas de la investigación biomédica y lleva años avanzando hasta convertirse en una realidad. Realmente, ya existen vacunas contra el cancer: el principal objetivo de la virus del papiloma humano es evitar tumores cervicales; el de la hepatitis B busca evitar que la infección hepática crónica genere daño canceroso.

En una entrevista reciente con la BBC, Ugur Sahin y Ozlem Tureci han afirmado que las vacunas contra el cáncer llegarán “antes de 2030”. El camino no está siendo nada fácil. Hay una docena de ensayos clínicos de fase 3 (los últimos antes de lanzar un medicamento a la calle) activos en todo el mundo que evalúan diferentes sueros para una amplia gama de tumores, desde vejiga hasta glioblastoma, pasando por cáncer colorrectal y de pulmón.

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“Se están estudiando en muchos tumores. Sin embargo, hasta la fecha hay pocos resultados”, confiesa Isabel Echevarríaoncólogo del Hospital Universitario Gregorio Marañón y secretario científico de la Sociedad Española de Oncología (SEOM).

En los últimos tiempos se han producido avances espectaculares en las ciencias básicas, algunos de ellos casi milagrosos. Un estudio publicado esta primavera en Naturaleza dio cuenta de un producto con potencial para ser una vacuna universal contra el cáncer. Probado en ratones y monos, se ha mostrado muy eficaz en los primeros para combatir tumores a base de proteínas que alertan al sistema inmunitario de los daños en el ADN que producen las células tumorales y que estas inhiben su crecimiento.

En 2023 comenzarán las pruebas en seres humanos pero Echevarría, por ahora, cree que hablando de una vacuna universal, “hoy, es un poco de ciencia ficción: todavía nos pilla muy lejos. Tiene que demostrar que es seguro y efectivo, y ese es un proceso de años”.

historia de un fracaso

Aunque se han encontrado multitud de proteínas expresadas por las células cancerosas que pueden servir como dianas terapéuticas, “no han sido capaces de desencadenar respuestas inmunitarias y, por tanto, los datos son incluso peores de lo que esperábamos“, reconoce el oncólogo.

El ejemplo de los esfuerzos fallidos en vacunas dirigidas a un tumor específico es la tecemotida, una vacuna contra el cáncer de pulmón de células no pequeñas, una de las más frecuentes. Descubierto a finales de la década de 1990, fue adquirido por el laboratorio alemán Merck en 2007 y puso en marcha una serie de ensayos clínicos (incluido uno para el cáncer de mama) para evaluarlo como terapia de mantenimiento tras la quimioterapia y la radioterapia.

Los resultados fueron impactantes: la eficacia de la tecemotida no difirió de la del placebo. Pero Merck no se dejó intimidar y lanzó un nuevo ensayo en un subgrupo de pacientes en 2014. Antes de que terminara el año, según el análisis de un pequeño ensayo realizado en Japón, el laboratorio decidió terminar la investigación sobre el compuesto. Después de quince años y cientos de millones gastados, tecemotide pasó a formar parte de un vasto cementerio de grandes promesas que quedan en el camino.

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Por cierto, en los ensayos de la malograda vacuna España tuvo un papel especial, con más de una decena de centros participantes. En nuestro país se han ensayado otros cinco candidatos: tres para cáncer de pulmón, y el resto para vejiga y glioblastoma.

Pero que nadie se imagine –de momento, y con excepción del VPH y la hepatitis B– grandes campañas de inmunización de la población. Las vacunas en estudio contra el cáncer tienen otra función: la de estimular el sistema inmunitario para que sea este último el que combata un tumor existente.

Porque el sistema inmunológico es bastante bueno para combatir las células que se vuelven locas. La creación de tumores es un proceso común en el cuerpo humano, pero no suelen llegar muy lejos porque nuestras defensas los reconocen como una amenaza y los matan.

El cáncer se produce cuando el sistema inmunitario ya no reconoce el tumor como peligroso y permite que prolifere. Los investigadores llevan décadas buscando el mecanismo por el cual las células cancerosas se vuelven invisibles para el arsenal de defensa del organismo, como los linfocitos B y T, protagonistas de la inmunidad humoral (anticuerpos) y celular, respectivamente.

Inmunoterapia y vacunas

Esta estrategia ya ha dado sus frutos en la última década: la inmunoterapia ha supuesto una revolución en cánceres como el melanoma y el cáncer de pulmón, y avanza a paso firme en otros tumores.

“Lo que hace la inmunoterapia es ir directamente a las respuestas inmunitarias para activarlas, pero no específicamente contra un antígeno concreto”, explica Isabel Echevarría. “Activan, por ejemplo, los linfocitos con la idea de que ataquen al tumor, pero las vacunas son antígenos específicos del tumor para hacerlo más visibleEs algo más dirigido”.

Muchas de las vacunas se han estudiado en combinación, precisamente, con inmunoterapia. “Con uno haces más visible el tumor y con otro le estás quitando el freno al sistema inmunológico para que la respuesta sea mucho mayor”, dice el oncólogo.

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La historia de las vacunas contra el cáncer no es nueva, pero su camino ha sido tortuoso. Existen numerosos casos de compuestos que llegaron a las últimas etapas de investigación solo para ver cómo las promesas no se cumplían.

La investigación no ha parado desde entonces. BioNTech tiene varias vacunas basadas en ARN mensajero en estudio para muchos otros tipos de cáncer: de estas, cuatro (para melanoma, cáncer de cabeza y cuello y cáncer colorrectal) se encuentran en ensayos de fase 2, donde se miden la seguridad y la respuesta inmunitaria.

¿Cuánto tiempo llevará alcanzar el éxito? Los fundadores de BioNTech hablan de 2030 pero el oncólogo no se atreve a dar una fecha. “Habrá ensayos más avanzados, pero sería difícil decir algo”. Lo que sí rescata es la posibilidad de que estas vacunas acaben siendo preventivas. Eso sí, en personas que hayan pasado previamente por un cáncer, para evitar la recurrencia. “Se está estudiando mucho: ahí sí se podría evitar el tumor, pero hay que seguir avanzando”.

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